lunes, septiembre 12, 2005

Mis ojos, un mosaico...


Tantas veces, si... Parecieran ser un millón de veces. Vuelve a recordar una y otra vez tratando de capturar aquellas senciones arrancadas diez años atras, cada vez más difusas y torcidas. No fue una puesta de sol como podrían haber sido las cientos de veces que, abrazados en aquel calor abrigador de color blanco invierno, se besaron hasta sentir el hálito de dos almas que siempre fueron complices en oscuros y claros amaneceres. En un ultimo amanecer de aquella temprana primavera, sus ojos nunca más volvieron a brillar de a cuatro.
Era una noche en que la llegada de la luna llena era inminente. La arena se tornaba extremadamente suave haciendo que los juegos de sus pies lo cautivaran de una manera que nunca había notado, pudiendo sentir como el epílogo que susurraba en el viento helado llegaba para hacerse presente. Solo tenía un vestido blanco con pequeños encajes y un pequeño manto que hacía las veces de turbante, en el que sus brillantes risos descansaban en dulces melodías. Uno, dos , cinco pasos y la contemplación parecía no tener fin. El mar golpeaba tranquilamente sus pies y no tenía intención de llegar mas arriba de su cuerpo. El color calipso junto con los últimos rayos de sol, sus risos de color miel y el vestido blanco hacia que no esperara la llegada del arcoiris que siempre lo visitaba en brazos de su madre, en días de infancia. Podía sentir un pequeño susurro que sonaba como el canto de sirenas que tanto le contaba su abuelo. Todo se tornaba en cosa de minutos como la película que siempre quizo que fuera su vida, desplegando fotografías de colores donde siempre estuvo el blanco junto con el negro y donde también los sabores ásperos hacían que su mirada y labios balsámicos se tornaran en deseos incontenibles. Un juego que se repetía noche tras noche pero que no recuerda eso sí por cuantas semanas pasaron con sus manos llenas de sudor. Sus manos ahora estaban frías y secas.
Las tardes pasaban lentamente, tratando de capturar cada momento como aquellas pinturas que anhelamos tener por siempre en nuestra retina. Su risa guiaba la sinfonía que producían sus dulces susurros. Esa era su mejor arma, nunca construir frases concretas que descubrieran su mágico y misterioso encanto silencioso.
-Mis ojos son como un mosaico, tu debes saberlo - Trataba de no acercarse mucho a él
-Aún no termino de enamorarme de tí - Él tratando de tomar su delgado brazo
Su pequeña y retirada casa estaba cargada de nuevas y encontradas sensaciones. En uno de los 2 muebles que ocupaban un pequeño lugar de su habitacón había un sin fin de pequeñas botellas de distintos colores, que proligamente se encargaba de limpiar todas las mañanas. Cada una de esas pequeñas botellas llenas de arena representaba uno de esos amanaceres en que ella estuvo junto a él. Los diferentes niveles de calipso indicaban al observador cuan cerca podía estar de aquel día de luna llena. El pequeño manto que ocupaba para proteger sus claros risos hoy solo estaba cubierto de lágrimas y gritos de desesperación. No habían fotografías, no habían mas indicios diez años después, solo una pequeña pintura. Era su torso...blanco, delgado, en que solo se podía distinguir un pequeño lunar.
Ese último día sonaba en su memoria como las campanas de aquel pueblo que presenció aquel incontrolable llanto, una última despedida. Las paredes blancas, los pañuelos de despedida...un pequeño niño con una dalia blanca. El ritmo marchoso de un sin fin de nubes grises, la noche ya no volvería a estar estrellada y la luna se tardaría en volver como a ellos dos los eclipsaba cada vez que la contemplaban. Volvía a sentir ese pequeño susurro, el mar y ese suave pero ahora tibio viento...el mar llegaba ahora mucho más acá. Sus pies quedarían completamente cubiertos y sus juegos de niña ya no tendrían razón alguna de ser. El calipso se tornaría mucho más oscuro como la ultima botella de aquel mueble que limpiaba sagradamente todas las mañanas. Un acantilado al lado de la playa, sin arena, un pequeño paso al lado. Un blanco y completo silencio, del mismo color que había quedado en su retina.
Sus ojos finalmente completaban el mosaico.

domingo, septiembre 04, 2005

Cuenta solo cinco minutos


- Dos pasos al frente...no me volveras a ver nunca más - Solamente la acompañaba el reflejo del atardecer.
- Respira profundo, no recordaras nada, solo...solo... - Silencio, completo y tenue. Esa suave y perversa voz

Su apartamento en medio de la zona industrial de la cuidad. El paisaje perfecto que lograra controlarlo de por vida. Aquel edificio quedaba entre la carretera y un pequeño vertedero que no era mas que el antiguo parque de juegos, donde todavía los gritos infantiles de antaño parecían haber quedado congelados. Solo hacían traer ásperos y corrosivos recuerdos. Tenía la fijación todas las tardes, cuando el sol lograba su equilibrio anaranjado y rojizo en aquellos tiempos de otoños interminables y crónicos, de caminar por aquel sendero que había quedado cuando la gente solía preocuparse del lugar. Hoy solo era el refugio de un pequeño grupo de prostitutas que todos los días veía, a las 8:15 PM.
Aquellas tardes diluidas en mantos de recuerdos y llantos entrecortados indicaban el fin de la jornada. Solo martillar y reponer piezas, ese era su trabajo. A veces, cuando el silbato sonaba para que sus tendones descansaran tratando de no alcanzar la atrofia de sus antepasados, solía sostener un pequeño cuadernillo y revisar sus anotaciones. Solo ese día se dio cuenta de lo que había soñado el verano pasado...parecía tan real, la intensidad, los colores y las sensaciones hicieron que se desconcentrara más alla de lo permitido. El silbato nuevamente.
2:15 PM, 3:25 PM, 4:15 PM...
El sabía que los múltiplos de cinco era lo que siempre buscaba. 5 piezas, 10 veces reponía aquellas, el siguiente ciclo. A los 15 años su madre, quién lo hiciera trabajar desde los 10 años, lo abandono sin mayor antesala. Su tío a los 20 años había logrado conseguirle su actual trabajo y el lugar donde todas las noches descansa su alma maltrecha. Aquel sendero indicaba su antiguo lugar de eternas sonrisas, solamente quedaban 2 ruedas y 3 columpios. No recordaba el día anterior camino a casa si estaban como era habitual las 5 prostitutas. Termina el día, recoje sus cosas del casillero y percata que algo debía de estar mal. Eran las 6:34 PM y sabía que su ritmo no calzaba para que todo conjugara en ese horario tan extraño. De un momento a otro empieza a cuestionarse que era lo que había hecho mal desde el inicio hasta el fin, pero seguía sin encontrar mayor motivo para tal desesperación. Entra al baño, retira sus gafas llenas de polvo y enjuaga 10 veces su cara. Las cicatrices aún no se borran del todo.
Eran las 7 PM, el sendero empieza a quedar sin luz...las prostitutas eran solamente 4.
- Ya no volveras a respirar como antes lo hacías - Él exclamo.
- Mi cuerpo esta tirado junto al tuyo, tú lo sabes - Ella lo miraba, cristalinamente.
- Ya no estaré contigo para cuando me necesites - 4 pasos al lado da ella.
El invierno parecía hacerse más proximo. Su habitación poco a poco se quedaba sin ese pequeño reflejo que entraba a través de esas aplomantes cortinas. Las tardes ya no parecían volverse tan rojizas, solamente sus propios ojos parecían tomar aquel matiz que siempre recordaba. Logra levantarse por cinco minutos para mirar por última vez aquel sendero, de pronto una pequeña niña de claros colores baja de su bicicleta. Traía un pequeño canastillo y lo deja a un lado, mientras vuelve a darle vida a la pequeña rueda. De un momento a otro estaba ahí, sonriendo y gritando como hace ya 35 años. La niña extiende su brazo y ve sus propias cicatrices, producto de años de trabajar en piezas y ensambles. De pronto aquella imagen se torna difusa, el sol ya no lo puede distinguir y suavemente empieza a caer en un sueño vertiginoso. Logró aferrarse de una pequeña mesa.
Todo empieza nuevamente...su pequeño cuaderno no mentía.