jueves, agosto 18, 2005

Mi infancia perdida

- Reconoces aquellos columpios amarillos, hoy casi plomos? - interrumpe su mirada inquietantemente.
- Jamás deberías volver a preguntar eso, siempre hay dolor en tus palabras - ella se aleja pausadamente.

Solo él pudo recordar trazos aletargados, muchas veces mudos, de aquellos años en que todo parecía ser complejamente más simple. Los meses sombríos de esos tiempos contemplaban su pasar de una manera que parecía abrazar todo ese conjunto de sensaciones de un infante ursurpado de aquellas cosas que más prescindía, o de las que probablemente el despojo hizo que no las necesitara más. Recuerda los largos parques de baldosas grises que solía recorrer de la mano de su padre, aquellas en que su única preocupación era pisarlas justo antes de la linea que separa a la baldosa siguiente. También recuerda esa gran tortuga a escala natural corroída por el paso de los años, en la que cada simil de su edad soñaba con universos paralelos una vez debajo de ella...el aroma a azucar quemada hacía que fuera un viaje sin retorno.

Nunca pensó en esa época en que cada recorrido sería el fin de una interminable felicidad. Cada segundo que pasaba era el epitafio del siguiente, cada latido de corazón que sentía cuando su padre lo abrazaba sería el ritmo perdido de una vida aritmica. Cuando los dos juntaban sus manos hacia la sombra del sol, como un juego complice entre dos almas unidas por el amor, parecía que no había linea indistinta entre una mano y otra. Aquellas bajadas de arena llenas de humedad durante todo el año provocaban en los dos las risas más estruendosas de las que se tuvo recuerdo, al igual que aquellos toboganes plagados de oxido que hacían que esa pequeña jardinera azul marino pasara días y noches remojadas en un pequeño pero iluminado lavadero. Las tardes de primavera traían avisos de largos fines de semana acampando afuera de la ciudad. La sonrisa de su madre parecía adornar aún más ese cuadro de contemplación a la felicidad más infinita que pueda haber sentido un niño de 5 años...solía correr hasta sentir cada vez mas cerca el ruido del agua cayendo vertiginosamente a través de plomos y fuertes caudales, sin hacer aviso de las llamadas de ella. Al mirar hacia el cielo podía contemplar cuantas nubes y estrellas eran prodigiosos espectadores de aquellos días. Poder sentir el olor y el sonido de un millar de hojas que lo invitaban al sueño mas extraño que podía sentir, no había culpa de caer y caer mientras cuatro ojos brillaban en aquel espectáculo de como un hijo crecía, a veces más apresurado que el reloj...

Esas últimas tardes traerían aquel abandono que ha sentido de siempre. Aquella discución inicial fue el comienzo de un golpe de recuerdos e imagenes imborrables en las que sentía que nada pudo hacer. Mismo recorrido, aquellas mismas baldosas, tratando de no pisar mas allá de la línea en que terminaban. La tortuga y los otros juegos parecían avanzar mas rápido que de costumbre, jamas imaginaría que esa larga mirada entre los dos sería la final, como si nunca hubieran existido. Lentamente suelta su mano, veia una mujer con un extraño delantal verde, un grupo de 15 personitas igual que él...no recordo retroceder y decirle cuanto lo amaba. Aquellas lágrimas fueron en vano, su voz ya no estaba...aún sentía en sus manos la sensación de ese suave algodón blanco. Las murallas de aquella pequeña sala serían la galería perfecta del dolor del abandono, las mismas que ayudaban a sostener esos dibujos que ya no eran de a tres. Soltó su mano para nunca mas volver a tenerla.

- Te necesito más que nunca ahora, amor - la angustia extrangulaba la mirada de él
- Solo tienes que sostener mi mano - le dice ella, completa de amor

Un viento hacia sus mejillas, hacen que su palidez sea aquel recuerdo de ese blanco paternal. Un montón de niños juegan detras de sus suaves y profundos besos. Él, lleno de esperanzas, recorre ese puente que los vió volver a nacer...aunque ya no tenía aquel verde producto de los musgos, todo parecía volverse más cristalino. El sol volvía a brillar, como en la primavera del '85.

martes, agosto 09, 2005

Tú solo sabes aquello

Recuerdo caminar por arenas rasposas, mientras replicabas al viento los avatares de nuestro gran misterio, aquel que nos hizo perder completamente la razón.

Recuerdo el mas mínimo segundo en que me decías cuan lejos iba a volar, mientras cada vez más rápido volvía a caer.

Aún siento tu aliento que me recordaba aquellos dulces de vainilla que tanto disfrutaba cuando era un niño...

Solos ellos dos podían darse el lujo de nivelar sus miradas cristalinas tal y como un niño juega con los reflejos primaverales en aquellos pequeños espejos que ocupaban nuestras madres. Un tibio día de otoño los abraza y los une en su gran y complice unión sin mayores preaumbulos. Sonidos cálidos y suaves los embriagan una y otra vez, los besos se tornan mucho mas humedos que sus predecedores y las sombras proyectadas en la pared se difunden en una pequeña mancha...

- Ni siquiera sabes como estoy vestida yo - susurra suavemente ella
- Recuerdo como estabas ayer - asegura él
- Ayer no eramos ni tu ni yo - replica ella
-¿ Y como sabes lo que somos hoy? - él la mira y la sostiene

Descansan sus cuerpos sobre una silla. Recorren un pequeño manto blanco que sostiene la pobre decoración del lugar, en la que cada pequeño detalle significa algo en la vida de ella. Él contempla mientras ella agarra una pequeña toalla, en dirección hacia la ducha. Nadie sabe por que ella siempre recorta los rostros en aquellas fotos que parecen insignificantes.

Solamente él sabe lo interminable de cada expresión de placer que vivieron en la noche anterior. Habia quedado maltrecho hace algún tiempo luego de un gris y ácido amorío nocturno, realmente no sabía que pensar o que hacer...ella era única.

Su sonrisa solapaba hasta las más profundas y tétricas angustias que un hombre pudiera tener, jamas imagino que eso pudiera estar predestinado a él.

- Solamente espero un llamado y un último beso tuyo - insinuo ella
- Tendras eso y nada - él en tono seco
- Tú solo sabes aquello - dijo ella distante

La calma, el calor y el agobio, esa tibia tarde...
Desaparecieron...

Él caminaba a través de ese pequeño recuadro urbano, rodeado de sonidos melancólicos.
Nada era lo mismo.

domingo, agosto 07, 2005

Sylvia and the darkness

Sabado, tipo 7 pm...

Un particular pasaje en el centro de la ciudad...el olor de la humedad se confunde con el cigarrillo que lleva en sus manos.

Andrea mira a través de su ventana la lugrube expresión de su solitario barrio. Suena en pequeños parlantes un hemorragico disco de los cocteau twins. El ambiente se sentía pesado, las energías se habían acumulado. Los llantos parecían colgar de cada rincon de aquel departamento.

Horas antes cerraba la puerta Pablo, que aquella noche en un arranque de embriaguez y nulos actos reflejos había recaído nuevamente en la cama de Andrea. Aquella en que los abrazos, caricias y fantasmas de pasadas relaciones tortuosas habían dado camino a una de las noches mas incontrolables que él había tenido en muchos meses.

La noche anterior, como siempre, todo había escapado de control. Andrea compartía la tarde con Sylvia sin el mas minimo conocimiento del tiempo que había pasado desde la ultima discución, menos 5 minutos antes de ese encuentro. Ella contemplaba sus marchitados ojos pardos mientras los brazos se perdían en aquella silueta deseada por aquellos hombres en aquel pequeño bar de bellavista. Solo el frenesí de aquel primer beso en el otoño del '99 habían evidenciado aquel amor torrido y desgarrado que duraría, hasta el día de hoy, por mas de 5 años. La angustiosa necesidad de ambas de ser recorridas por manos de torsos suaves solo evidenciaban un sin fin de fracasos y rupturas sentimentales. Andrea hace 3 años había sufrido un aborto espontáneo...Sylvia sabía que su alma y cuerpo habían cambiado.

Aquellos veranos interminables de casi 3 meses habían sido el marco de la gran amistad que tenían con Pablo. Todos compañeros de la misma facultad trataban de arreglar sus maltrechos mundos que los unían fuertemente. Tenían un sin fin de ideales y sueños que lograr y compartir...nada volvió a ser lo mismo...

Pablo supo aquella noche que Andrea lo amaba, tal y como siempre lo supo en aquella banca de aquel campus universatario en el que compartían largas horas. Sus familias llegaron a odiarse a muerte debido a las eternas disputas de esos tiempos.

Sylvia caminaba a pasos apresurados, temiendo que algo había pasado...

Las noches interminables en Blondie y posteriormente en el Clandestino habían trizado por completo al grupo de amigos que años antes compartían rabias, penas, clases y pruebas. Largos atardeceres en aquella playa los había visto prometer y jurara amistad eterna...las siempre volatiles promesas de los 18.

Pablo no entendía por que se había enamorado de Andrea. Probablemente los primeros aires de desprecio actuaron como un verdadero afrodisiaco psicológico. La fijación de él en Andrea siempre le jugo malas pasadas, al no querer enfrentarse a la extraña realidad de la eterna contemplación en Sylvia...

"No siempre tienes lo que realmente mereces"...le replicaba Sylvia a Pablo al increparlo en los eternos encuentros de aquel extraño departamento cerca de plaza Brasil. Las noches parecían no agotarse nunca entre medio de fugazes tocatas, marihuana y cerveza.

Nadie esperaba a que todo terminara así.