martes, agosto 09, 2005

Tú solo sabes aquello

Recuerdo caminar por arenas rasposas, mientras replicabas al viento los avatares de nuestro gran misterio, aquel que nos hizo perder completamente la razón.

Recuerdo el mas mínimo segundo en que me decías cuan lejos iba a volar, mientras cada vez más rápido volvía a caer.

Aún siento tu aliento que me recordaba aquellos dulces de vainilla que tanto disfrutaba cuando era un niño...

Solos ellos dos podían darse el lujo de nivelar sus miradas cristalinas tal y como un niño juega con los reflejos primaverales en aquellos pequeños espejos que ocupaban nuestras madres. Un tibio día de otoño los abraza y los une en su gran y complice unión sin mayores preaumbulos. Sonidos cálidos y suaves los embriagan una y otra vez, los besos se tornan mucho mas humedos que sus predecedores y las sombras proyectadas en la pared se difunden en una pequeña mancha...

- Ni siquiera sabes como estoy vestida yo - susurra suavemente ella
- Recuerdo como estabas ayer - asegura él
- Ayer no eramos ni tu ni yo - replica ella
-¿ Y como sabes lo que somos hoy? - él la mira y la sostiene

Descansan sus cuerpos sobre una silla. Recorren un pequeño manto blanco que sostiene la pobre decoración del lugar, en la que cada pequeño detalle significa algo en la vida de ella. Él contempla mientras ella agarra una pequeña toalla, en dirección hacia la ducha. Nadie sabe por que ella siempre recorta los rostros en aquellas fotos que parecen insignificantes.

Solamente él sabe lo interminable de cada expresión de placer que vivieron en la noche anterior. Habia quedado maltrecho hace algún tiempo luego de un gris y ácido amorío nocturno, realmente no sabía que pensar o que hacer...ella era única.

Su sonrisa solapaba hasta las más profundas y tétricas angustias que un hombre pudiera tener, jamas imagino que eso pudiera estar predestinado a él.

- Solamente espero un llamado y un último beso tuyo - insinuo ella
- Tendras eso y nada - él en tono seco
- Tú solo sabes aquello - dijo ella distante

La calma, el calor y el agobio, esa tibia tarde...
Desaparecieron...

Él caminaba a través de ese pequeño recuadro urbano, rodeado de sonidos melancólicos.
Nada era lo mismo.

2 Comments:

Blogger Carolina Moro said...

Noches pasadas, humedad de labios que se desvanece, dulces de vainilla que ya no existen para intercambiar. Y la noche otra vez y otra vez lo mismo, excepto por el pequeño detalle del vacío.

9:28 PM  
Anonymous Anónimo said...

Este es el texto que más me atrajo de la última camada. Deja algo de misterio...muy interesante y bonito.
milca

1:49 PM  

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