Mi infancia perdida
- Reconoces aquellos columpios amarillos, hoy casi plomos? - interrumpe su mirada inquietantemente.
- Jamás deberías volver a preguntar eso, siempre hay dolor en tus palabras - ella se aleja pausadamente.
Solo él pudo recordar trazos aletargados, muchas veces mudos, de aquellos años en que todo parecía ser complejamente más simple. Los meses sombríos de esos tiempos contemplaban su pasar de una manera que parecía abrazar todo ese conjunto de sensaciones de un infante ursurpado de aquellas cosas que más prescindía, o de las que probablemente el despojo hizo que no las necesitara más. Recuerda los largos parques de baldosas grises que solía recorrer de la mano de su padre, aquellas en que su única preocupación era pisarlas justo antes de la linea que separa a la baldosa siguiente. También recuerda esa gran tortuga a escala natural corroída por el paso de los años, en la que cada simil de su edad soñaba con universos paralelos una vez debajo de ella...el aroma a azucar quemada hacía que fuera un viaje sin retorno.
Nunca pensó en esa época en que cada recorrido sería el fin de una interminable felicidad. Cada segundo que pasaba era el epitafio del siguiente, cada latido de corazón que sentía cuando su padre lo abrazaba sería el ritmo perdido de una vida aritmica. Cuando los dos juntaban sus manos hacia la sombra del sol, como un juego complice entre dos almas unidas por el amor, parecía que no había linea indistinta entre una mano y otra. Aquellas bajadas de arena llenas de humedad durante todo el año provocaban en los dos las risas más estruendosas de las que se tuvo recuerdo, al igual que aquellos toboganes plagados de oxido que hacían que esa pequeña jardinera azul marino pasara días y noches remojadas en un pequeño pero iluminado lavadero. Las tardes de primavera traían avisos de largos fines de semana acampando afuera de la ciudad. La sonrisa de su madre parecía adornar aún más ese cuadro de contemplación a la felicidad más infinita que pueda haber sentido un niño de 5 años...solía correr hasta sentir cada vez mas cerca el ruido del agua cayendo vertiginosamente a través de plomos y fuertes caudales, sin hacer aviso de las llamadas de ella. Al mirar hacia el cielo podía contemplar cuantas nubes y estrellas eran prodigiosos espectadores de aquellos días. Poder sentir el olor y el sonido de un millar de hojas que lo invitaban al sueño mas extraño que podía sentir, no había culpa de caer y caer mientras cuatro ojos brillaban en aquel espectáculo de como un hijo crecía, a veces más apresurado que el reloj...
Esas últimas tardes traerían aquel abandono que ha sentido de siempre. Aquella discución inicial fue el comienzo de un golpe de recuerdos e imagenes imborrables en las que sentía que nada pudo hacer. Mismo recorrido, aquellas mismas baldosas, tratando de no pisar mas allá de la línea en que terminaban. La tortuga y los otros juegos parecían avanzar mas rápido que de costumbre, jamas imaginaría que esa larga mirada entre los dos sería la final, como si nunca hubieran existido. Lentamente suelta su mano, veia una mujer con un extraño delantal verde, un grupo de 15 personitas igual que él...no recordo retroceder y decirle cuanto lo amaba. Aquellas lágrimas fueron en vano, su voz ya no estaba...aún sentía en sus manos la sensación de ese suave algodón blanco. Las murallas de aquella pequeña sala serían la galería perfecta del dolor del abandono, las mismas que ayudaban a sostener esos dibujos que ya no eran de a tres. Soltó su mano para nunca mas volver a tenerla.
- Te necesito más que nunca ahora, amor - la angustia extrangulaba la mirada de él
- Solo tienes que sostener mi mano - le dice ella, completa de amor
Un viento hacia sus mejillas, hacen que su palidez sea aquel recuerdo de ese blanco paternal. Un montón de niños juegan detras de sus suaves y profundos besos. Él, lleno de esperanzas, recorre ese puente que los vió volver a nacer...aunque ya no tenía aquel verde producto de los musgos, todo parecía volverse más cristalino. El sol volvía a brillar, como en la primavera del '85.
- Jamás deberías volver a preguntar eso, siempre hay dolor en tus palabras - ella se aleja pausadamente.
Solo él pudo recordar trazos aletargados, muchas veces mudos, de aquellos años en que todo parecía ser complejamente más simple. Los meses sombríos de esos tiempos contemplaban su pasar de una manera que parecía abrazar todo ese conjunto de sensaciones de un infante ursurpado de aquellas cosas que más prescindía, o de las que probablemente el despojo hizo que no las necesitara más. Recuerda los largos parques de baldosas grises que solía recorrer de la mano de su padre, aquellas en que su única preocupación era pisarlas justo antes de la linea que separa a la baldosa siguiente. También recuerda esa gran tortuga a escala natural corroída por el paso de los años, en la que cada simil de su edad soñaba con universos paralelos una vez debajo de ella...el aroma a azucar quemada hacía que fuera un viaje sin retorno.
Nunca pensó en esa época en que cada recorrido sería el fin de una interminable felicidad. Cada segundo que pasaba era el epitafio del siguiente, cada latido de corazón que sentía cuando su padre lo abrazaba sería el ritmo perdido de una vida aritmica. Cuando los dos juntaban sus manos hacia la sombra del sol, como un juego complice entre dos almas unidas por el amor, parecía que no había linea indistinta entre una mano y otra. Aquellas bajadas de arena llenas de humedad durante todo el año provocaban en los dos las risas más estruendosas de las que se tuvo recuerdo, al igual que aquellos toboganes plagados de oxido que hacían que esa pequeña jardinera azul marino pasara días y noches remojadas en un pequeño pero iluminado lavadero. Las tardes de primavera traían avisos de largos fines de semana acampando afuera de la ciudad. La sonrisa de su madre parecía adornar aún más ese cuadro de contemplación a la felicidad más infinita que pueda haber sentido un niño de 5 años...solía correr hasta sentir cada vez mas cerca el ruido del agua cayendo vertiginosamente a través de plomos y fuertes caudales, sin hacer aviso de las llamadas de ella. Al mirar hacia el cielo podía contemplar cuantas nubes y estrellas eran prodigiosos espectadores de aquellos días. Poder sentir el olor y el sonido de un millar de hojas que lo invitaban al sueño mas extraño que podía sentir, no había culpa de caer y caer mientras cuatro ojos brillaban en aquel espectáculo de como un hijo crecía, a veces más apresurado que el reloj...
Esas últimas tardes traerían aquel abandono que ha sentido de siempre. Aquella discución inicial fue el comienzo de un golpe de recuerdos e imagenes imborrables en las que sentía que nada pudo hacer. Mismo recorrido, aquellas mismas baldosas, tratando de no pisar mas allá de la línea en que terminaban. La tortuga y los otros juegos parecían avanzar mas rápido que de costumbre, jamas imaginaría que esa larga mirada entre los dos sería la final, como si nunca hubieran existido. Lentamente suelta su mano, veia una mujer con un extraño delantal verde, un grupo de 15 personitas igual que él...no recordo retroceder y decirle cuanto lo amaba. Aquellas lágrimas fueron en vano, su voz ya no estaba...aún sentía en sus manos la sensación de ese suave algodón blanco. Las murallas de aquella pequeña sala serían la galería perfecta del dolor del abandono, las mismas que ayudaban a sostener esos dibujos que ya no eran de a tres. Soltó su mano para nunca mas volver a tenerla.
- Te necesito más que nunca ahora, amor - la angustia extrangulaba la mirada de él
- Solo tienes que sostener mi mano - le dice ella, completa de amor
Un viento hacia sus mejillas, hacen que su palidez sea aquel recuerdo de ese blanco paternal. Un montón de niños juegan detras de sus suaves y profundos besos. Él, lleno de esperanzas, recorre ese puente que los vió volver a nacer...aunque ya no tenía aquel verde producto de los musgos, todo parecía volverse más cristalino. El sol volvía a brillar, como en la primavera del '85.

7 Comments:
Que lindo, perdone que hablo muy pouco espanhol, mas k lindo!!!!
Mas compreendo!!!
isa
mmm
me gusto
mmm esta como fluido y envolvente
Me gustó!! me hizo recordar....lei que le gusta cocteau twins, bueno, bueno, bueno !! me encanta
Nos leemos
Saludos
Curiosidad, sincronía, volutas de hilo que parecen atraparse con las manos. Y esa niñez que es diferente a la de todos; extraña, desconcertante o incluso pertubadora. Entre las manos que se separan, los columpios oxidados y el año ochenta y cinco, hay paredes de diferencia con mis hormigas pisoteadas, mis absurdos y el pasto que crecía bajo mis pies sin saber qué altura tendría.
Claro, la niña de mi cuento, tu historia, el óxido, la puerta que se cierra y los aires que quedan.
un beso
Me disponía revisar tu escrito desde un punto de vista técnico, pero al andar de mi lectura olvidé mis estructuras aprendidads embelesada en tu capacidad para generar emoción a través de las palabras. O tal vez solo soy yo...que al parecer, comparto más de alguna de las "imágenes" que muestras...
PD:conozco esa tortuguita.....me trae a otra historia y al pasado más reciente, pero igualmente melancólico.
Muy hermoso, poético, revelador de una fina sensibilidad. Me trae recuerdos filiales.
Matías, cómoda y muy rápida máquina del tiempo tienes, de colección, me gustó usarla y volver a ver lo que se olvida.
Un abrazo,
Kristian Zahn.
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