Mis ojos, un mosaico...

Tantas veces, si... Parecieran ser un millón de veces. Vuelve a recordar una y otra vez tratando de capturar aquellas senciones arrancadas diez años atras, cada vez más difusas y torcidas. No fue una puesta de sol como podrían haber sido las cientos de veces que, abrazados en aquel calor abrigador de color blanco invierno, se besaron hasta sentir el hálito de dos almas que siempre fueron complices en oscuros y claros amaneceres. En un ultimo amanecer de aquella temprana primavera, sus ojos nunca más volvieron a brillar de a cuatro.
Era una noche en que la llegada de la luna llena era inminente. La arena se tornaba extremadamente suave haciendo que los juegos de sus pies lo cautivaran de una manera que nunca había notado, pudiendo sentir como el epílogo que susurraba en el viento helado llegaba para hacerse presente. Solo tenía un vestido blanco con pequeños encajes y un pequeño manto que hacía las veces de turbante, en el que sus brillantes risos descansaban en dulces melodías. Uno, dos , cinco pasos y la contemplación parecía no tener fin. El mar golpeaba tranquilamente sus pies y no tenía intención de llegar mas arriba de su cuerpo. El color calipso junto con los últimos rayos de sol, sus risos de color miel y el vestido blanco hacia que no esperara la llegada del arcoiris que siempre lo visitaba en brazos de su madre, en días de infancia. Podía sentir un pequeño susurro que sonaba como el canto de sirenas que tanto le contaba su abuelo. Todo se tornaba en cosa de minutos como la película que siempre quizo que fuera su vida, desplegando fotografías de colores donde siempre estuvo el blanco junto con el negro y donde también los sabores ásperos hacían que su mirada y labios balsámicos se tornaran en deseos incontenibles. Un juego que se repetía noche tras noche pero que no recuerda eso sí por cuantas semanas pasaron con sus manos llenas de sudor. Sus manos ahora estaban frías y secas.
Las tardes pasaban lentamente, tratando de capturar cada momento como aquellas pinturas que anhelamos tener por siempre en nuestra retina. Su risa guiaba la sinfonía que producían sus dulces susurros. Esa era su mejor arma, nunca construir frases concretas que descubrieran su mágico y misterioso encanto silencioso.
-Mis ojos son como un mosaico, tu debes saberlo - Trataba de no acercarse mucho a él
-Aún no termino de enamorarme de tí - Él tratando de tomar su delgado brazo
Su pequeña y retirada casa estaba cargada de nuevas y encontradas sensaciones. En uno de los 2 muebles que ocupaban un pequeño lugar de su habitacón había un sin fin de pequeñas botellas de distintos colores, que proligamente se encargaba de limpiar todas las mañanas. Cada una de esas pequeñas botellas llenas de arena representaba uno de esos amanaceres en que ella estuvo junto a él. Los diferentes niveles de calipso indicaban al observador cuan cerca podía estar de aquel día de luna llena. El pequeño manto que ocupaba para proteger sus claros risos hoy solo estaba cubierto de lágrimas y gritos de desesperación. No habían fotografías, no habían mas indicios diez años después, solo una pequeña pintura. Era su torso...blanco, delgado, en que solo se podía distinguir un pequeño lunar.
Ese último día sonaba en su memoria como las campanas de aquel pueblo que presenció aquel incontrolable llanto, una última despedida. Las paredes blancas, los pañuelos de despedida...un pequeño niño con una dalia blanca. El ritmo marchoso de un sin fin de nubes grises, la noche ya no volvería a estar estrellada y la luna se tardaría en volver como a ellos dos los eclipsaba cada vez que la contemplaban. Volvía a sentir ese pequeño susurro, el mar y ese suave pero ahora tibio viento...el mar llegaba ahora mucho más acá. Sus pies quedarían completamente cubiertos y sus juegos de niña ya no tendrían razón alguna de ser. El calipso se tornaría mucho más oscuro como la ultima botella de aquel mueble que limpiaba sagradamente todas las mañanas. Un acantilado al lado de la playa, sin arena, un pequeño paso al lado. Un blanco y completo silencio, del mismo color que había quedado en su retina.
Sus ojos finalmente completaban el mosaico.
